Nota de prensa20/09/2026

Cáritas Diocesana, en el inicio del nuevo Curso Pastoral

La Iglesia diocesana sale al encuentro para hacer presente el Evangelio en la sociedad

Una amplia representación de Cáritas Diocesana, encabezada por el delegado episcopal, Sergio Mendoza, y por el director, Francisco Mir, ha asistido a la jornada de inicio del nuevo Curso Pastoral.

La Diócesis de Segorbe-Castellón arrancó el sábado 19 de septiembre el nuevo curso pastoral con una Jornada Diocesana que se celebró en el Seminario Diocesano Mater Dei y reunió a las distintas comunidades y realidades eclesiales para poner en marcha el camino pastoral de los próximos meses.

La jornada comenzó a las diez de la mañana y tuvo como primer momento la celebración de la Eucaristía, presidida por el Obispo de la Diócesis, Mons. Casimiro López Llorente.

Del encuentro con Cristo al compromiso en el mundo

En la Eucaristía de inicio de curso, Mons. Casimiro López Llorente invitó a toda la Diócesis a comenzar este nuevo camino pastoral desde Cristo y en torno a Cristo, recordando que el lema “Unidos en Cristo, presentes en el mundo” expresa la clave desde la que ha de vivirse la misión de la Iglesia. Cristo es quien reúne, alimenta y envía a su Iglesia para hacer presente el Evangelio y contribuir a que el Reino de Dios se vaya instaurando en medio del mundo.

El Obispo subrayó que toda renovación pastoral y misionera necesita previamente una renovación espiritual, personal y comunitaria. “Sin esa unión vital con Él de cada uno de nosotros, de nuestras comunidades, de nuestra Iglesia, poco podemos hacer”. Por ello, animó a cuidar la vida espiritual mediante la escucha orante de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, fuente de la comunión eclesial y de la misión.

Desde esta perspectiva, recordó que la comunión no es solamente un don recibido de Dios, sino también una tarea que todos los cristianos están llamados a cultivar. Aludiendo a la exhortación de san Pablo a los cristianos de Éfeso, invitó a vivir de acuerdo con la vocación recibida, siendo comprensivos, amándose mutuamente y haciendo visible, desde la caridad, la unidad que el Espíritu Santo genera en la Iglesia.

Alzar la mirada a Cristo

Reconoció que el comienzo del curso puede estar marcado por dudas, cansancios, desalientos o la preocupación ante la debilidad de algunas comunidades y el alejamiento de muchas personas de la fe. Frente a ello, el Obispo llamó a avivar la fe en Cristo resucitado y presente en medio de su Iglesia. Exhortó a «alzar la mirada a Cristo” recordando que la contemplación del Señor crucificado y resucitado permite recuperar la confianza y encontrar la fuerza necesaria para salir a la misión.

En este sentido, invitó también a dejarse pastorear por Cristo, confiando en que Él acompaña a su Iglesia y ayuda a atravesar las oscuridades, los cansancios y las dudas que pueden mermar el testimonio cristiano. Unidos a Él, señaló, los distintos ministerios, vocaciones y carismas están llamados a ponerse al servicio de la misión y advirtió que la diversidad no tiene por qué ser un obstáculo para la comunión cuando los carismas están enraizados en Cristo y son vividos desde la caridad.

Llamada misionera

Insistió en que la llamada misionera nace del propio envío de Jesús a sus discípulos para anunciar el Evangelio a toda la creación y hacer discípulos. Una misión, dijo, que corresponde a todos los bautizados, aunque se concrete de manera diferente según la vocación, el ministerio o el carisma recibido. Por ello, animó a los cristianos a hacer presente a Cristo allí donde desarrollan su vida cotidiana, “sin miedos, sin complejos”, mostrando con la propia vida transformada por el Evangelio la Buena Noticia recibida.

La familia, el trabajo, la universidad, los medios de comunicación, el ocio y todos los ámbitos de la vida social se convierten así en lugares concretos para el testimonio cristiano. La misión no consiste únicamente en hablar de la fe, sino también en hacerla visible mediante una vida transformada por el Evangelio, alimentada por la oración, la comunidad y los sacramentos.

Finalmente, Mons. Casimiro López Llorente puso en el centro la Eucaristía, en la que Cristo se hace presente y se celebra su misterio pascual, es fuente de la vida y de la misión de todo cristiano y de toda comunidad eclesial. Desde ella, parroquias, movimientos, cofradías y demás realidades diocesanas son enviados nuevamente al mundo. La celebración concluyó poniendo el nuevo curso pastoral bajo la protección de la Virgen de la Cueva Santa, para que acompañe y aliente a la Diócesis en este camino y ayude a todos a vivir, según el lema del curso “unidos en Cristo, y estar presentes en el mundo”.

Claves para la presencia cristiana en la vida pública

Tras la Eucaristía tuvo lugar la ponencia de apertura, titulada “La misión de los laicos con el testimonio en la vida pública”, a cargo de D. Raúl Tinajero, Director del Secretariado de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.

En su intervención, D. Raúl Tinajero invitó a los participantes a redescubrir que la presencia de los cristianos en el mundo no es una cuestión de actividades o estrategias, sino de identidad y vocación. “Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo”, recordó, situando en estas palabras de Jesús el fundamento de una Iglesia que no puede encerrarse en sí misma, sino que está llamada a ser sal, luz y levadura en medio de la sociedad.

Una de las primeras claves compartidas fue partir siempre de Cristo. Tinajero insistió en que no puede haber misión sin conversión y que el compromiso cristiano nace del encuentro personal con Jesús. La misión no procede simplemente de una tarea encomendada, sino de la propia incorporación a Cristo por el bautismo: “No somos misioneros porque alguien nos haya dado una tarea. Somos misioneros porque hemos sido incorporados a Cristo”.

Desde ahí, subrayó especialmente la vocación secular de los laicos. Advirtió que el mundo no es solamente el lugar donde viven, sino el ámbito concreto al que Dios los envía: la familia, el trabajo, la empresa, la educación, la universidad, la cultura, los medios de comunicación, las redes sociales, la política, la ciencia o el cuidado de los demás. “Allí están llamados por Dios”, afirmó, recordando que la tarea del laico consiste en contribuir “desde dentro” a la transformación de la sociedad mediante el testimonio de la fe, la esperanza y la caridad.

En este sentido, planteó una cuestión especialmente significativa para la vida pastoral de las comunidades basada en no preguntarse únicamente dónde están los laicos dentro de la Iglesia, sino dónde está la Iglesia a través de los laicos. Porque su vocación no termina al salir del templo, sino que la parroquia está llamada a formar, acompañar y enviar a los cristianos para que vivan su fe en las realidades temporales.

Programación Pastoral 2026-2027

La jornada sirvió también para presentar, bajo el lema “Unidos en Cristo, presentes en el mundo”, la programación pastoral del nuevo curso y el itinerario que recorrerá los distintos arciprestazgos de la Diócesis a partir de octubre. Este camino tendrá como horizonte el Encuentro Extraordinario Diocesano de junio de 2027, con el que concluirá el recorrido pastoral realizado conjuntamente durante los últimos cuatro años.

La propuesta, tal como explicó el Vicario de Pastoral, D. Miguel Abril, busca implicar a parroquias, asociaciones, movimientos, comunidades y demás realidades eclesiales en un proceso adaptado a cada arciprestazgo, que permita orar juntos, compartir experiencias, reflexionar sobre la presencia pública de los cristianos y concretar compromisos. El itinerario se articulará además en torno a cinco signos –la Luz, la Cruz, la Virgen Peregrina de la Cueva Santa, el Muro digital y el Libro Diocesano de la presencia cristiana en la vida pública- que acompañarán y vincularán todo el recorrido.

La jornada concluyó con una comida fraterna, signo de la comunión que sostiene la misión de la Iglesia. Con el lema «Unidos en Cristo, presentes en el mundo», la Diócesis está llamada a vivir este nuevo curso como una oportunidad para renovar el encuentro con el Señor y, desde Él, salir al encuentro de la sociedad. El proceso que ahora comienza invita a cada comunidad, parroquia, movimiento y fiel a preguntarse cómo puede hacer presente el Evangelio allí donde vive y desarrolla su vocación. Así, la presencia cristiana no se entiende como una actividad más, sino como la respuesta concreta a la misión recibida en el Bautismo para estar en el mundo, dar testimonio de Cristo y servir a cada persona y al bien común.

Fuente: Obispado de Segorbe-Castellón