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Apoyo psicosocial para mujeres en Mozambique: la historia de doña Rita

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El conflicto armado que vive el país desde el año 2017 ha producido que numerosas mujeres y niños tengan que empezar su vida lejos de sus hogares y aprender a convivir con traumas como los de doña Rita.

Doña Rita tiene 34 años y 9 hijos, 3 de ellos, mujeres. Nació y siempre vivió en Quisanga (una pequeña localidad del norte de Mozambique) donde una tarde de mediados de 2020 un grupo armado entró en su casa, degollando a su marido y a una de sus hijas que portaba su bebé de un año en brazos.

Consiguió huir en plena oscuridad, corriendo de la mano de tres de sus hijos y cargando a dos de sus nietos junto a más personas de su comunidad. El más pequeño de sus nietos, murió en el camino por falta de comida y bebida.

Llegaron a Metuge tras varios días de camino. Allí buscó un rincón donde sentarse, y permaneció desconectada del mundo, sin aparentemente poder escuchar. No dormía y no quería comer, solo mantenía su mirada fija y sus ojos aguados, su corazón pensaba en esos hijos y en esos nietos que quedaron atrás y su cabeza le devolvía una y otra vez las imágenes y los sonidos de los horrores que acababa de vivir. Ella no quería escuchar, se cerró a la vida.

Los síntomas que presentaba doña Rita eran graves y aunque sus tres hijos, de 10, 8 y 5 años junto a su nieto, trataban de cuidarla día a día, ella no parecía ser consciente de nada, el trauma la bloqueó. Las hermanas misioneras que visitaban el lugar donde estaban acogidos comenzaron a trabajar con ella con el apoyo psicosocial en los grupos de apoyo, pero al comienzo tuvieron que apoyarla con un acompañamiento más individual para poder trabajar sus emociones: ayudarla a reconocerse de nuevo como persona, retomar la confianza en sí misma y en las personas que le rodean, sentirse parte de una comunidad.

El tiempo iba pasando y su situación no mejoraba mientras permanecía acogida, junto a sus hijos y nieto, por unos conocidos que les cedieron un espacio en el patio de su casa en Pemba. Así permanecieron durante un año, durmiendo al raso y sin apenas contacto con nadie, se cerraron a la vida

Fue gracias al acompañamiento psicosocial con lo que poco a poco se ha conseguido abrir de nuevo a Doña Rita, y tras varios meses de apoyo continuo, ha conseguido volver a relacionarse y ser de nuevo madre de esos pequeños que se salvaron con ella y han estado tanto tiempo esperando volver a ser abrazados y cuidados por su madre. Aunque la terapia psicosocial va dirigida a adultos, con esta familia en particular se hizo una excepción y apoyamos a los niños para que pudieran entender lo que habían vivido, fueron testigos de las muertes violentas de su padre y su hermana, y el miedo, más bien el terror y la soledad, les impedía integrarse en la comunidad de acogida.

Este acompañamiento más cercano se completó con un trabajo de grupo familiar con el que han vuelto a sentirse “vivos” aunque con una inmensa pena por lo vivido y por la familia que quedó atrás y de la que no han vuelto a saber.

Gracias a los fondos de una donación consiguieron una casa y hoy viven en ella, en la localidad de Metuge. Doña Rita ha empezado a cuidarse y valerse por sí misma y ha retomado su papel de madre cuidadora. Los pequeños se preparan para volver a la escuela el próximo curso.

Hasta ahora sobreviven con donaciones de comida que les llega con la ayuda internacional, pero con las nuevas lluvias y algunas semillas que se les ha proporcionado, han comenzado a preparar la huerta familiar para poder obtener sus propios alimentos a partir de la próxima cosecha.

La zona de Quisanga sigue siendo insegura y solo una ocupación militar la mantiene sin ataques, aunque los que los han sufrido no quieren volver, pues saben que es algo temporal.

Doña Rita sigue estando acompañada de cerca por las hermanas misioneras que la visitan de vez en cuando y le apoyan en este largo periodo de recuperación. Ahora son sus hijos los que también forman parte de esa mejora pequeña pero diaria para superar lo insuperable.

 

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