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20 de febrero: Jornada Mundial de la Justicia Social, ¿cómo vivimos nuestro compromiso por la justicia?

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CARTA DE MIGUEL ABRIL, Vicario de Pastoral Social para la Jornada Mundial de la Justicia Social

El 26 de noviembre de 2007, en la 57ª sesión plenaria, la ONU declaró el 20 de febrero de cada año se celebrará el Día Mundial de la Justicia Social. La Asamblea General reconoce que el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, y que, a su vez, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no hay paz y seguridad o si no se respetan todos los derechos humanos y las libertades fundamentales. El objetivo de este día es apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre el hombre y la mujer y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos.

Pero para la Iglesia hablar de caridad, justicia, paz y amor al prójimo es acudir a Jesucristo y nuestra experiencia de Dios, y acudir al inmenso amor que nos tiene y nos alimenta. En este sentido, el Día Mundial de la Justicia Social está íntimamente relacionado con el cuarto objetivo específico de la Programación Pastoral Diocesana, que es la caridad: vivir el mandamiento del amor y el compromiso por la justicia como servicio a los más necesitados y testimonio de fe. En la raíz de todo está el amor de Dios, ofrecido en Cristo. El Evangelio es la Buena Noticia del amor porque en él Jesús se nos revela como la compasión de Dios hecha carne, gesto, caricia, relación, que no impone, sino que se propone a la acogida y a la libertad humana. La Iglesia diocesana, las comunidades y cada persona estamos llamados a ser testigos de este amor en nuestra vida, en nuestras relaciones personales, familiares, laborales, sociales y políticas.

Debemos salir de nosotros mismos y buscar hacer el bien, siempre y para todos. El amor de Dios, que supera toda lógica humana, nos lleva a la búsqueda del bien común: es un amor o caridad social. Esto implica interés, compromiso y responsabilidad por las personas concretas y por las condiciones en que viven. Es un concepto que aúna amor y justicia.
“La caridad que ama y sirve a la persona no pude jamás ser separada de la justicia: una y otra, cada una a su modo, exigen el efectivo reconocimiento pleno de los derechos de la persona, a la que está ordenada la sociedad con todas sus estructuras e instituciones” (San Juan Pablo II, Christifideles Laicei, 42).

Esto se concreta en amar y servir a los enfermos y sus familias; a las personas pobres, desfavorecidas y excluidas; a mar y cuidar la casa común y al servicio de la caridad en la comunidad.

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