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Hasta las últimas consecuencias

2108 Bloch Sermondelamontaña

 

En el evangelio de este domingo, sexto del tiempo ordinario, Jesús señala que no pretende abolir la ley, sino llevarla a sus consecuencias más radicales. Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés, que según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna, como decíamos, llegar a consecuencias más radicales.

No basta cumplir la ley que ordena “No matarás”, sino que hay que arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Quien no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana. Todos podemos observar que se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad, con insultos ofensivos que humillan, desprecian y hieren, especialmente en las redes sociales. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.
Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.
Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (Evangelium nuntiandi, 100).
También en Cáritas hacemos nuestras las palabras del Papa que quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.

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