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Un diácono al servicio de los pobres

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Hoy, en plena canícula, celebramos la festividad de san Lorenzo. Era uno de los siete diáconos de Roma, hombre de confianza del Papa. Su oficio era de gran responsabilidad, pues estaba encargado de distribuir las ayudas a los pobres. En el año 257 el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte. El 6 de agosto el Papa San Sixto II estaba celebrando la santa misa en un cementerio de Roma, cuando fue asesinado junto con cuatro de sus diáconos por la policía del emperador. Cuatro días después fue martirizado su diácono San Lorenzo, quien, antes de morir, recogió todo el dinero y demás bienes que la Iglesia tenía en Roma y los repartió entre los pobres. Y vendió los cálices de oro, copones y candelabros valiosos, y el dinero lo dio a las gentes más necesitadas. Cuando el alcalde de Roma le pidió que recogiera todos los tesoros de la Iglesia y se los llevara, Lorenzo invitó a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con sus limosnas y se los presentó al alcalde diciéndole: "Ya tengo reunidos todos los tesoros de la iglesia. Le aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador". El alcalde lleno de rabia ordenó que muriera poco a poco, martirizándolo horriblemente al acostarlo en una parrilla de hierro en la que ardió el mártir y murió abrasado. Era el 10 de agosto del año 258.
También para Cáritas los pobres y necesitados son los tesoros de la Iglesia y, como Lorenzo, nos preocupamos por la atención preferencial a estos hermanos frágiles, descartados y muchas veces olvidados por esta sociedad ciega para lo que no le interesa ver.
Como curiosidad, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue promovido por Felipe II, entre otras razones, para conmemorar su victoria en la batalla de San Quintín, el 10 de agosto de 1557, festividad de San Lorenzo. La planta definitiva del edificio, con solo cuatro torres en las esquinas y el Palacio Real haciendo de «mango», recuerda la forma de una parrilla, por lo que tradicionalmente se ha afirmado que se escogió esta traza en honor a San Lorenzo, martirizado en Roma en una parrilla, ya que el 10 de agosto de 1557, día de la festividad del santo, tuvo lugar la batalla de San Quintín.

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