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En camino hacia la Pascua

El próximo miércoles 6 de marzo co­mien­za la Cua­res­ma. Nosotros celebraremos el miércoles de Ceniza en la Capilla de la Parroquia de la Sagrada Familia de Castellón a las 13horas.

pascua

En la im­po­si­ción de la ce­ni­za es­cu­cha­mos las pa­la­bras de Je­sús: “Con­ver­tíos y creed en el Evan­ge­lio” (Mc 1,15). La con­ver­sión pide vol­ver el co­ra­zón a Dios, de­jar­se en­con­trar por su amor mi­se­ri­cor­dio­so y vi­vir en ad­he­sión a Dios, y así el amor al prójimo y a toda la crea­ción. Lo re­cuer­da el papa Fran­cis­co en su men­sa­je para la cua­res­ma de este año: “La crea­ción, ex­pec­tan­te, está aguar­dan­do la ma­ni­fes­ta­ción de los hi­jos de Dios” (Rm 8,19). “Pidamos a Dios -escribe el Santo Padre- que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

En palabras de nuestro Obispo D. Casimiro, la cua­res­ma nos pre­pa­ra para ce­le­brar la Pas­cua del Se­ñor, su muer­te por nues­tros pe­ca­dos y su re­su­rrec­ción para la Vida. En el bau­tis­mo, Dios nos hace par­tí­ci­pes de la muer­te y re­su­rrec­ción de Cris­to y re­na­ce­mos a la Vida de los hi­jos de Dios. Este mis­te­rio de sal­va­ción, que ya obra en no­so­tros du­ran­te la vida te­rre­na, es un pro­ce­so di­ná­mi­co que in­clu­ye tam­bién a la his­to­ria y a toda la crea­ción.

En el bau­tis­mo co­men­zó para no­so­tros la aven­tu­ra de vi­vir como hi­jos de Dios en el se­gui­mien­to de Je­sús has­ta ser con­for­mes a Él. La cua­res­ma es un tiem­po pro­pi­cio para un nue­vo en­cuen­tro con Dios y para re­cu­pe­rar o in­ten­si­fi­car la nue­va Vida de la gra­cia que Él nos in­fun­dió en nues­tro bau­tis­mo has­ta que ésta lle­gue a su ple­ni­tud. Aho­ra po­de­mos ca­mi­nar, de Pas­cua en Pas­cua, ha­cia el cum­pli­mien­to de la sal­va­ción que ya he­mos re­ci­bi­do gra­cias al mis­te­rio pas­cual de Cris­to.

El ca­mino cua­res­mal nos lla­ma a res­tau­rar nues­tro co­ra­zón de cris­tia­nos me­dian­te el arre­pen­ti­mien­to, la con­ver­sión y el per­dón, para po­der vi­vir toda la ri­que­za de la gra­cia del mis­te­rio pas­cual. La Igle­sia nos in­vi­ta du­ran­te este tiem­po al ejer­ci­cio de la ora­ción, del ayuno y de la li­mos­na para li­be­rar el co­ra­zón del peso de las co­sas ma­te­ria­les y dis­po­ner­nos para amar a Dios, al pró­ji­mo y a la crea­ción en­te­ra. Por el ayuno su­pe­ra­mos el egoís­mo para vi­vir en la ló­gi­ca del don y del amor a Dios y al pró­ji­mo. Por la li­mos­na ha­ce­mos fren­te a la ten­ta­ción del te­ner, de la avi­dez de di­ne­ro, que re­le­ga el pri­ma­do de Dios en la vida y nos cie­rra a los her­ma­nos. Y por la es­cu­cha de la Pa­la­bra de Dios en la ora­ción, nos abre a Dios para aco­ger su vo­lun­tad en nues­tra vida. Aco­ja­mos la mi­se­ri­cor­dia de Dios.

+ Ca­si­mi­ro Ló­pez Llo­ren­te

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