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"Palestina: piedras vivas, que no hay que olvidar"

Nuestro compañero Miguel Ángel, responsable de Cooperación Intrernacional de Cáritas Diocesana, ha compartido con todos nosotros la experiencia de su viaje a Palestina.

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"La pasada Semana Santa, concretamente del 29 de marzo al 6 de abril, tuve la inmensa fortuna de participar como representante de Cáritas Diocesana Segorbe-Castellón en un viaje institucional organizado desde Cáritas Española hacia Tierra Santa en el proyecto de Iniciativa por la Paz en Palestina. En el mismo se integraron además otros compañeros de Cáritas Diocesanas de Alcalá, Burgos, Menorca, Orihuela-Alicante, Valencia, Zaragoza y dos miembros de los Servicios Generales de Cáritas Española.

La finalidad de dicho viaje era conocer la realidad en la que se encuentra el pueblo palestino y convivir junto con ellos, las llamadas “piedras vivas”, durante unos días compartiendo su vida y su contexto tan extremadamente complicado.

Desde el primer momento vivimos con ellos momentos de tremenda intensidad y emoción celebrando la eucaristía de Jueves Santo, el Vía Crucis de Viernes Santo y la eucaristía y procesión del Domingo de resurrección; a pesar de no entender su lengua, árabe, y de no estar habituados a eucaristías bastante largas, desde el primer instante nos sentimos integrados en su parroquia como si fuéramos parte de ellos desde siempre. A la finalización estos actos nos obsequiaron con el mejor de sus regalos: su cariño, amistad y amor por unirnos a ellos en esos momentos tan especiales.

Tras esos días tan entrañables, estuvimos viajando por diferentes localidades de Cisjordania para entrevistarnos con sus autoridades locales, religiosas y políticas y verificar de primera mano lo que apenas conocíamos a través de charlas que nuestros jóvenes participantes en el Campo de Trabajo de Palestina de verano nos habían contado en ellas.

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La realidad era mucha más desgarradora de la que habíamos escuchado con testimonios de personas que sufrieron y sufren la falta de derechos más absoluta, en una tierra cada vez más reducida por la construcción de asentamientos de colonos judíos en terrenos palestinos, con escasez de agua y luz debido a los constantes cortes de una energía controlada por el estado de Israel, con libertad de movimientos restringida por los chek point controlados por soldados judíos impidiendo muchas veces el paso a sus propias ciudades y además no poder usar las carreteras que pasan por ellas teniendo que rodearlas por caminos y retrasando así sus desplazamientos; por no tener ni siquiera identidad de ciudadanos ya que sus documentos son fiscalizados por el gobierno israelí decidiendo este que clase de ciudadanía les corresponde y por donde pueden desplazarse limitando así sus movimientos; por un enorme muro que más de diez metros de altura que separa sus tierras e impide su producción…
En fin son tantos los derechos incumplidos por el gobierno de Israel que cualquier iniciativa palestina por mejorar su vida diaria se ve abocada a multitud de bloqueos que impiden cualquier atisbo de libertad.

 Pero, a pesar de todo esta injusticia, los palestinos siempre nos decían lo mismo: “queremos paz y tenemos algo que nunca podrán arrebatarnos: la esperanza de que esta situación cambie algún día”. Al pasear por las calles como unos turistas más nos saludaban con un “Welcome to Palestine” desconocidos que nos veían por primera vez haciéndonos partícipes de su vida e integrándonos a ella.

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Son las dos realidades tan diferentes que te encuentras en un lugar único, en la tierra donde nuestro Señor nos dio a conocer toda su obra, en donde proclamó por vez primera el perdón para todos y nos dejó su gran mandamiento: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Esta tierra tan especial cuenta con un pueblo que quiere vivir y quiere expresar todo el amor que siente y son herederos directos de los primeros cristianos de los cuales se sienten especialmente orgullosos. Aman tan profundamente su tierra que jamás la abandonaran aunque les ofrezcan dinero por salir de ella y sean sometidos a las vejaciones más execrables.

Es por ello que nos transmitieron su mensaje y nos interpelaron a que nos convirtiéramos en sus voces, en sus mensajeros para dar a conocer al mundo la amarga noticia de que el pueblo cristiano de Dios sufre y necesita del apoyo de todos los cristianos del mundo para que no sean olvidados e invisibles a la humanidad. Que nos comprometamos a colaborar con ellos y a poder desarrollarse como pueblo y que continuemos en nuestra Iniciativa por la Paz en Palestina."

 

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